martes, 2 de abril de 2013

Bailo, luego existo



Bailar es un cosquilleo en los pies.
Un tintineo en las retinas.
Un paseo por los sentimientos.
Un vaciarse por dentro para volverse a llenar de cosas mejores.
Un punto y aparte de los errores del día.
Una coma que te ayuda a coger aire para seguir el ritmo del texto de la vida.
Un seseo para los oídos.
Un sabor dulce que hace huir lo amargo.
Un pestañeo a una persona especial.
El rosa y el azul de una puesta de sol.
Una charla que te sacude el cuerpo y deja temblando a tu alma.
Es como probar cosas nuevas todo el tiempo.
Es el vaho de los cristales los días de lluvia en los que puedes escribir.
Es el pito de la olla cuando está a punto de explotar porque se están cociendo problemas.
Es el cosquilleo de las mariposas en tu barriga cuando te enamoras.
Es la luz de tu sonrisa cuando la muestras. 
Bailar es dejarse, empapar por la lluvia, zarandear por el viento, tostar por el sol y acariciar por la hierba.

Es la sensación de que NADA te falta porque lo tienes TODO.

...Bailar es ser música con el cuerpo...


sábado, 2 de marzo de 2013

Y de los replanteos...

Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimiento sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y
remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho a lo repoco y
lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes
de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara van en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogo y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos
de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidéfalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo y libido y oficio
recansadísimo
de tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintos perversitos
y de las ideitas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo
o sensitivo tibio
o remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento
al engusanamiento
y al silencio.
 
Oliverio Girondo.
 
 

Necesito poco


Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece.
Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad.

Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno.

Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.

Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche.

Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante.

A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas.

A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama.

El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche.

El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar.

Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno.

Un instante de belleza a diario.

Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado.

No estar jamás de vuelta de nada.

Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería.

No convertirme nunca, nunca, en una persona amargada, pase lo que pase.

Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.

Sólo quiero eso.

Casi nada. O todo.

--Ángeles Caso--

viernes, 1 de marzo de 2013

¡Oh la humanidad!

¡Oh la humanidad! Qué poco sentido tiene esa palabra para la vida en todas las formas que presenta.
¿Qué sentido tiene la vida? En esta pregunta se plantean varias cuestiones antes de poder responderla…A mi me surgen rápidamente algunas de ellas, quizás no las más importantes, quizás no son tampoco las más indicadas, ni siquiera serán las que tú habías pensado. Pero eso no importa, no importa. Lo que aquí importa es la esencia de esa palabra que hemos inventado, esa palabra que describe todo y a la vez nada, esa palabra que juega con cada parte de nosotros y a la vez con nadie. ¿Qué es la vida? ¿De qué vida estamos hablando? Yo os voy a responder... a la nuestra. Sólo a la nuestra. Siempre nosotros. Yo. Él. Nuestra vida. Nuestro mundo. Nuestras tonterías. Es curioso, cada vez que veo frases que pretenden guiar nuestros pasos, darnos consejos sobre qué debemos hacer o cuál es la mejor manera de sobrellevar los tormentos del día a día me entran ganas de vomitar. Sobre todo cuando veo cosas del calibre de:

“Vive la vida”
“Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio”
“Deja de pensar en la vida y resuélvete a vivirla”
“La vida hay que vivirla que son tres días y uno lo pasamos durmiendo”.

----- BAZOFIA DE LA PALABRA Y LA DIALECTICA--------

Aquí vuelvo a plantear lo mismo… ¿Te estás refiriendo a tu frustrada vida sinsentido? Creo que la vida es algo mucho más general, algo que se escapa a nuestra dialéctica y a nuestro afán por describirlo y, poner etiquetas y nombres a todo. La vida no se refiere a ti, ni a mí, ni a nosotros. La vida es todo, es todo lo que pasa mientras tú duermes, mientras tú estás despierto intentando aprovecharla, mientras mueres, mientras no estás. La vida eres tú, yo, tu familia, las familias de los demás, los pueblos, los animales, las plantas, los árboles milenarios, los arboles no tan milenarios, los ríos, los mares, las montañas, el viento, el sol, el calor, el frío, los caminos, los frutos, los sonidos, la lluvia, las olores, las vistas, las sensaciones, los abismos, el horizonte, la luna, las nubes, los insectos, el silencio.

Aún y así, creo que algo anda mal. La única forma que conoce el ser humano para aprovechar la vida es contradictoria con la idea misma de vida. Para vivir destruimos. Mientras vivimos destruimos. Para morir destruimos. Sólo hemos venido a ella para destruir. Somos un fracaso como especie. Me entristece decir esto, porque formo parte de esta destrucción, pero así es y así lo cuento.
A veces me sobrecoge un sentimiento interior que me pone los pelos de punta al pensar en dicha destrucción, la que sin querer estoy causando al mundo, a la vida. Intento pensar distintas posibilidades para creerme que puedo jugar a romper ese juego que no va conmigo y en el que ya no me apetece jugar, pero es inútil.
Pienso en no hacer nada que pueda perturbar ese equilibrio que hace tiempo rompimos sin ningún tipo de escrúpulo. Quizás si me quedara tumbada aquí mismo sin moverme, podría parar esa destrucción por mi parte. Porque obvio no puedo controlar todo lo demás, pero si lo mío, mi situación y mi elección. Así que me pongo a ello. No te muevas me digo. Contente. Respira suave, no gastes el aire todo de una vez. Pero es imposible. Sigo destruyendo.
Estoy tumbada en una cama. Esa cama está hecha con madera extraída sin piedad de algún bosque, si es que aún hay signos de que algún día en ese lugar existió un bosque verde, con vida. Estoy respirando poco a poco, pero respirando al fin y al cabo. Estoy consumiendo oxigeno, dejando menos para la demás vida que existe. Destruyo. No doy opción a otras vidas. Sólo importa que pueda seguir respirando. Algunos dirían que estoy intentando sobrevivir, que es cuestión de supervivencia. Yo digo que esos “algunos” seguramente sean como yo, humanos. Humanos muy poco humanos seguramente.
Sigo tumbada respirando. Estoy vestida. Visto una ropa; calcetines, pantalones, camiseta, jersey, ropa interior,… Antes era vida. Era naturaleza, eran plantas, eran animales, eran sonidos, eran,…Ahora ropa. Sólo ropa. Antes y ahora destrucción.
La mujer. ¡Qué bonito ser mujer! ¡Qué gran cargo de conciencia! Ser mujer es lo mejor que te puede pasar en la vida, te dirán. Es increíble lo que cambia la vida cuando das a luz, escucharás. ¡Y qué gran razón tienen! Cambian muchísimas cosas. Ya no es sólo destrucción sino doble destrucción. La mujer es peor que el hombre. Es vida y muerte al mismo tiempo. Es la que da vida al ser humano, es la que quita vida a todo lo que ese bastardo tocará.
Muy bien. Estoy tumbada, respirando, vestida, sin moverme lo más mínimo, sin crear muerte a la vida. Huelo bien. Estoy limpia. Seguramente por la ducha de hace un rato. Una ducha bañada de destrucción. Toda yo huelo a destrucción. Champú, destrucción. Perfume, destrucción. Productos químicos, destrucción. Energía, destrucción. Bomba de agua, destrucción. Calentador, destrucción. Una destrucción que huele bien, que sabe bien, que te hace querer seguir destruyendo una y otra vez. Olores ficticios, poco naturales. Nuestra mente almacena olores, falsos olores. Olores creados por nosotros imitando la naturaleza. Una muy mala imitación, claro.
Colonias de fresa que no huelen a fresa… ¿A qué huelen las fresas? A esa colonia no. Seguro que no.
Gel de coco. ¿De verdad os creéis que huele así el coco natural?... Destruimos y destruimos nuestra realidad. La cambiamos a nuestro antojo, crecimos con ello y así es el coco. Cuando realmente vas a una isla tropical, encuentras un coco y lo hueles, te desanimas. Te sientes engañada, y no por nosotros o por los fabricantes de líquidos con olores, sino te sientas engañada por la naturaleza. ¡Por ella! Y prefieres seguir oliendo el coco que no es coco. El coco falso. Como toda nuestra vida. Como todos tus problemas. Como todos tus antojos e idioteces.

Así lo hacemos todo. Así lo vemos todo. Así pasa que, cuanta más vida para nosotros menos vida para todo lo demás, incluso para las cosas que nosotros mismos creamos, incluso para nosotros mismos. Destrucción mires donde mires. Muerte a la vida que sólo provoca muertes porque no se soporta ni ella misma. Triste recorrido.
¿Y nuestra historia? Qué decir,… más que no podemos sentirnos orgullosos. Nuestra historia sólo es la historia del final de la vida. No la nuestra, repito, sino la vida como esencia. Pasa el tiempo, la vida, las vidas, y menos cosas quedan y más destrucción nace. ¿Qué hará el ser humano cuando ya no quede nada para destruir? ¿Se sentirá impotente? Morirá de esa impotencia. Morirá la vida que mata y destruye. Morirá la muerte, se encontrarán de cara y veremos quién gana la batalla, si la vida, la muerte o la muerte en vida que nos persigue.

...........................................¡Oh la humanidad!.............................................


 ¿Sabes qué es la vida? Es esa que entre todos la matamos y ella sola se murió.

viernes, 1 de febrero de 2013

Historias sin contar



Soledad en cada mirada, en cada huella, en cada trocito de asfalto, en cada atisbo de luz. Las miradas ajenas se clavan en mí mientras sus bocas susurran a oídos que desmerecen. Se resiente el alma intranquila por lo que acontece. Secretismos varios de sensaciones manchadas de error. Silencios que se disuelven a medias tintas entre cromatismos imaginarios. Resúmenes vacios que no dan lugar a la reflexión. Tristeza vestida por la locura. Una locura sin pies ni cabeza que me obliga a pensar mientras ando perdiendo el norte.

La noche da paso a ojos cerrados y corazones abiertos, expuestos a arrebatos sin sentido que no conducen a nada, solo al vacio de un interior descontento con casi todo y que encuentra sin buscar. Encuentra miedo, lágrimas, rechazo, desorden, desidia.

Falta mucho para encontrar poco que necesitar. Esos corazones tan abiertos se infectan a la mínima, ya no están para nadie. Se guardan en cualquier rincón junto a las cosas inútiles a la espera de usarlos algún día, antes de que acaricien las montañas de basura humana que podemos producir gracias a nuestro don destructor.

Dirigen la orquestra melancólica que da paso a los días discretos sin más cambios que la llegada de frentes lluviosos. Elevan a unas personas mientras sueltan de la mano a otras. Sincerarse con uno mismo, he ahí el quid de la cuestión. 


Se oyen allá en la lejanía, las voces de laúdes que gritan socorro sobre bases sin letra, la historia está aún por contar.


Escúchalas una y otra y otra vez. El alma necesita vaciar y escupir palabras que se ahogan entre la vida y la muerte de aquellos que no aprovechan el momento, y se pierden entre planes, proyectos y sueños que nunca llegarán porque se han suicidado en el abismo del lenguaje mudo.




sábado, 19 de enero de 2013

Prefiero (Lucas Masciano)

Si pudiera elegir mil razones en la vida
prefiero salir a correr, que correr al salir
el campo a los balcones, el placer al sacrificio
el pasto al cemento, la inocencia a los vicios

y si pudiera elegir mil razones en la vida
una bolsa con mil acciones a mil acciones en la bolsa
y lo que tu cuentas a una cuenta en Suiza
y un revolconazo contigo a un cuerpo a tierra sólo

porque un ángel me dijo dibuja tu vida a tu modo
lo más justo es poder elegir casi todo

prefiero dormir con las flores, tocarles hacerles reir
ser alma de los sentimientos sinceros
ser aire del viento y viento de ti

Y de elegir, mil razones en la vida
prefiero un buen vino a un ella vino y se fue
y una sonrisa tuya a una careta de oro
y una paloma a un axioma

y si elijo el poder eligiria un pueblo alegre
que un pueblo triste y hambriento y yo sentado en mi Rolls Royce
y a una pista aérea en el jardin de mi mansión
prefiero una en la plaza de autos de choque

porque un ángel me dijo dibuja tu vida a tu modo
lo más justo es poder elegir casi todo


prefiero dormir con las flores, tocarles hacerles reir
ser alma de los sentimientos sinceros
ser aire del viento y viento de ti



jueves, 17 de enero de 2013

S.E (sociedad espiral)

¡Muy buenas, socio! Te regalo esta espiral. No es una espiral cualquiera, es la espiral de la vida, de los contrarios y los parecidos, del todo y la nada.
Recuerda que aunque no lo parezca entre los límites de los extremos siempre habrá lugar para el gris, el que deja lugar a dudas. ¡El gris mola!
Trae buenos recuerdos,…
Es el color de esos días aparentemente apagados, dónde la lluvia consigue despejar tu cabeza.
Es el color de las tormentas que se lleva por delante todo lo malo que crea el hombre.
Es el color de la materia que entiende, piensa, comprende, actúa.
Es el color del humo que se exhala al saborear una pipa.
Es el color del cabello de las personas curtidas, con experiencia, pero que aman la vida y no rechazan los cambios que trae consigo.
Es el color de los órganos vitales, incluido el más rojo.
Es el color de las nubes que tienen algo que gritar.
Es el color de dos cuerpos desnudos en la oscuridad.
Es el color de los ríos llenos de vida.
Es el color de las montañas en la sombra.
Es el color de los buenos ratos, y el color de una inmejorable combinación de pensamientos contradictorios.
Al fin y al cabo, el gris es el color del movimiento, del silencio y sobre todo, el color de la vida.
Disfruta de todos los días de la tuya.


Si te fijas bien, puedes ver como el choque entre los dos colores; el color de la luz y el color de la ausencia de luz, provoca que nazcan pinceladas de un gris mágico. Un color dónde existe luz pero a la vez, incluye la ausencia de ésta, como una doble cara. Esa que todos tenemos escondida y es más difícil de ver a los ojos de cualquiera. Esa que se reserva para aquellas personas que tienen tiempo para descubrirla. Un tiempo que se va volando entre las manos...aunque pongas todo tu empeño en apretarlas.