Harta del vaivén del autobús, de un cuerpo sin alma, que no siente, que no toca, que no quiere conocer… Harta de miradas hostiles y de personas que no se merecen semejante calificativo.
Mirada de Gato
miércoles, 18 de abril de 2012
Soul is heavy...
Harta del vaivén del autobús, de un cuerpo sin alma, que no siente, que no toca, que no quiere conocer… Harta de miradas hostiles y de personas que no se merecen semejante calificativo.
¿Madurez o aburrimiento?

Vacía, sin rumbo fijo, tirada en el muelle de cualquier puerto abandonado, a la deriva. Con la mirada perdida, sentada en un viejo banco de madera, escribo al mundo, pidiendo a gritos ahogados que no me olvide.
Noto el rumor que trae consigo la brisa que me mece en este insípido Abril. Intento sacar todo aquello que tengo dentro, pero se me hace imposible al no encontrar nada. Son tiempos raros los que vivo. Tiempos que vivo mi vida como un personaje secundario, quizás de relleno, un personaje que nunca será reconocido, del que no se distingue ni su propia sombra.
Nada me llena y todo me cansa. Me hablan los árboles, el sonido de sus ramas moviéndose con el viento, pero no los entiendo. Oigo distintos sonidos de pájaros que viven en ellos, pero tampoco los distingo. Me suenan a un grupo de cotorras, garzas y gorriones, o quizás loros, que intentan reírse a mi costa. Algo se mueve detrás de mí pero tampoco me importa.
Desconfió de todo el mundo y nada me cae en gracia. Las personas y sus tonterías me cansan demasiado, así que me encierro cada vez más en mi caparazón.
Dudo de si escogí el camino correcto, de si sigo hacia delante, de si coger uno u otro desvío, de si simular mi simpatía muerta o de si plantarme definitivamente. De lo que no dudo es de lo que digo, ya no pienso mil veces las cosas, las digo y punto. Así son. Así soy. Así me habéis convertido entre todos.
En realidad, ¿qué más da que me conozcan y se acuerden o no de mí? El verdadero problema está en mi interior. No me conozco ni me reconozco, no sé quién soy, a dónde voy… sólo sé que vagabundeo por el mundo y me encierro en mi cabeza, aunque ni ahí dentro estoy a salvo.
¿Será que estoy mutando?, que estoy cambiando con el paso de los días, ¿será esto ser mayor? ¡Pues vaya porquería! Ahora empiezo a entender el amargor de esos cuerpos adultos, como también los surcos que muestran sus caras. Esas actitudes que emanan desaliento i aceptación. Repetición de historias, que a mi parecer resultan estúpidas, mientras ellos pasean con cara de satisfacción por vivir semejantes pérdidas de tiempo. Un tiempo que no les es propio, que los domina a ellos, que la rutina les cae tan pesada que, ni siquiera pueden vivir sin ella. Yo no quiero eso. Quiero cambios, improvisación, locura sin razón aparente. Porque sí.
Me siento tan adulta que hasta me encanto con las obras que construyen, me paro a admirarlas, a imaginar su final. A imaginar el por qué se construyen mas pisos, cuando hay miles vacios y aún gente en la calle. ¡Qué cómico resulta todo! Todo desprende irracionalidad, mientras a las personas se las juzga cuando no son racionales.
Esto es lo único que mi mente puede crear, ya han desaparecido los sueños, las ilusiones, los chistes, las aventuras. Creo que nunca llegaré a acostumbrarme a esto,… me vacía por dentro y me seca las lágrimas que guardo.
Sin remedio, me tumbo en el banco para así aprovechar los últimos rallos de sol que me calientan. Se oyen pájaros, sigo sin distinguirlos, pero su melodía me atrapa hasta olvidarme por completo de lo que significa ser adulto i si debo unirme a ellos, o seguir encerrada en este cuerpo de niña que se niega a crecer.
jueves, 12 de enero de 2012
Aire, soñé por un momento que era..aire

Me siento sola. Como rascando una pared, llena de rabia, con mis propias uñas… para al fin, ver que no hay nadie que me escuche más allá de estas cuatro paredes, que me soportan día tras día.
En cuanto mi rabia y mis nervios desaparecen, caigo exhausta en el frio suelo. Me recojo entre mi propia vida, mi propio cuerpo.
Así, me encuentro con la barbilla incrustada en las rodillas, echa un ovillo de carne inerte, entrecruzando mis brazos y apretando tan fuerte con la punta de los dedos en mis piernas, como si quisiese dejar marca, con la espalda como única protección contra el exterior. Yo contra todo lo demás. Mis pensamientos contra el incesante flujo de información que me avasalla.
De ésta y no de otra, es la única forma con la que lo siento cerca. A él… ¿A quién si no?
El aire es ahora mismo lo único que nos une. Un aire formado de tantas cosas… de promesas que nunca se harán realidad, de besos extraviados, de olores perdidos, de abrazos enterrados y de sentimientos muertos.
Este aire que roza mi espalda, haciendo que el vello despierte pidiendo, al igual que un polluelo ansía, algo que llevarse a la boca. Este aire es el mismo que roza las demás espaldas de los seres que encuentra a su paso. Es el mismo que se cuela por las rendijas de dos personas antes de fundirse en una sola. Es el mismo que hace un tiempo me trataba con especial atención, era su niña predilecta. Era el que acompañaba mi pelo para enredarse con el suyo. Pero todo eso es pasado,…las cosas nunca vuelven a ser lo que eran. Dicen que tiempo pasado siempre fue mejor, y no lo dudo.
Me consuela saber que el aire que recorre mis entrañas, y exhalo como la última bocanada que me devolverá a la vida, ha chocado con las paredes de sus pulmones, ha silbado por cada rincón de sus pensamientos, ha ayudado a oxigenar y renovar cada una de las células que forma su cuerpo. Y sobre todo, ha soplado por encima de cada doblez que forma su cerebro, volviéndolo más inestable pero ofreciéndole un brillo especial a esos ojos que le acompañan.
Nunca sabes que aire estás respirando, son sus moléculas tan caprichosas… y son sus vientos tan impredecibles…
Según el día, puedes adivinar de dónde procede ese aire que ahora es tuyo, pero que antes tenía otro dueño, y cuando acabe esta frase, pasará a tener otro muy distinto o tal vez parecido. O quizás será preso del viento hasta ser un rico manjar para algún sauce llorón, que dispone a calmar sus sollozos con comida, y así alargar su pesimista existencia en la Tierra, al igual que una treintañera olvidada come helado a cucharadas, mientras mira películas de amor.
El aire cambia, así también cambia las situaciones y por ende, las personas.
Puedes diferenciar este cambio tan sutil, según del lugar del que proceda ese eterno soplido.
Cuando el aire era cálido, sabias con total seguridad que procedía del ardor de los desiertos, de esos sabios lugares abandonados. Tú lo sabías, porque traía consigo la paz interna, todo era calma entre los dos. Ese silencio que se formaba a nuestro alrededor y que bastaba para entender que no hacía falta nada más, que nos teníamos el uno al otro y lo demás, simplemente sobraba.
En cambio, cuando su procedencia era del norte, llegaba a nosotros un aire frío que contrastaba con el calor que desprendían nuestros cuerpos, obligándonos a sentirnos más cerca, piel con piel, para de nuevo subir la temperatura y contrarrestar lo malo que ese aire nos deparaba.
En definitiva, esto es por lo que después de tanto tiempo sigues viviendo en mí. No es por banales recuerdos, ni siquiera es por meras desilusiones que guardo bajo llave en mi hastiado corazón. Sino por ese aire que me llena y que sé, seguro, que está hecho de ti.
Ahora es, cuando comprendo que me va a ser imposible desprenderme de todo lo que tiene una etiqueta con tu nombre, pero lo acepto sin más.
Añadir, que nadie, ni siquiera tú, con desprecios, miradas vacías o viajes lejanos a otros mundos, podrá arrancarte de mí, y así será hasta el fin de nuestras vidas.
No compartimos el camino, pero si los suspiros que lanzamos al viento.
martes, 11 de octubre de 2011
...para alguien muy especial...

Abre los ojos, fíjate bien, dibuja cada movimiento en el aire, recuerda todo lo que deseas, imagina el mundo perfecto, empápate de ello, describe tus ilusiones, todo lo que te hace vibrar, sentir, vivir,… eso que te da fuerzas y que te llena por dentro, ¿no son todo eso sueños que vas acumulando?
Pequeños empujones que te hacen superar todo lo que el viento se empeña en poner en tu contra, sentimientos que se desvanecen entre tus dedos o por el contrario, que florecen más allá de lo esperado.
Con esto queremos decirte, que somos capaces de mover cielo y tierra mientras tú te vas haciendo mayor, sonriendo en cada paso que des para conseguir tus sueños más deseados. ¿No es esta la vida de la que todos hablan? A veces, no te das cuenta y te despiertas con los ojos morados, hinchados,… te miras al espejo, intentas disimularlo pero por mucho que lo intentes, no puedes. Forman parte de ti, son tus sueños incompletos. Cuanto más hinchados y morados más son los sueños, más metas que están por alcanzar. Estos son los pequeños detalles en que los amigos se fijan, y que a simple vista sabemos descifrar. Lucharemos cada día o simplemente una mañana como ésta, para que cuando abras esos ojitos y notes que te pesen, hacerlos más ligeros y ayudarte allí donde quieras llegar, pero sobretodo tendrás a tus amigos aquí delante para decirte: ¡Sonríe, nunca has estado tan radiante!
Trataremos en todo momento de hacerte sentir especial y querida, intentaremos sacarte sonrisas aunque el mundo y la cotidianeidad de la vida no nos lo pongan fácil, porque eso es lo que hacen los amigos de verdad, tratar de hacerte olvidar lo malo y reunir todo lo bueno juntando las dos manos, para que puedas disfrutarlo todo el tiempo que quieras. Esto es lo que haces tú, nos haces sentir bien, nos haces reír, nos animas, sabes nuestras debilidades como también nuestras fortalezas, notas cuando algo no va bien aunque nos esforcemos por sonreír, sabes lo que necesitamos en cada momento y como consolarnos. Así que no nos dejes nunca, te queremos cerca, acompáñanos durante nuestro viaje y no nos olvides nunca. Porque nosotros nunca lo haremos.
Y cuando seas mayor y llegue un día, que traiga consigo esas casualidades de la vida, encontrarás olvidada esta carta en algún cajón cerrado y la releerás. Entonces, volverás a revivir todo esto, se te dibujará media sonrisa en la cara al recordar todos esos momentos vividos, esas sensaciones, esos sentimientos,…pero de repente te caerán como por arte de magia un seguido de lágrimas por sentir nostalgia aguda de tiempos anteriores. Justo en ese momento, puedes sentirte satisfecha, tu vida no habrá sido en vano, habrás hecho feliz a todas estas personitas, que te guardan un trocito de su corazón solo para ti.
Y aunque todo esto, sean simples palabras, sabemos muy bien, que las que salen de la boca, no pasan de los oídos, pero las palabras que salen del corazón, llegan al corazón.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Se aproximan nubarrones...

Aquí estoy. Así soy ¿Me ves realmente?
Yo, acostumbrada a mantas de algodón, tintineos constantes en mis retinas, los primeros rayos de sol despuntando en el horizonte que me acariciaban las mejillas, la brisa suave del atardecer, las refrescantes gotitas de lluvia resbalando por mi piel,.. .tantas mentiras. Malas costumbres.
Así vivía antes, en un mundo irreal, cerca de las nubes y pendiente del alba, casi podía tocar las nubes con la punta de los dedos y casi podía oler el perfume que desprenden. Un perfume diferente a los otros, dulzón al principio mezclado con buenas sensaciones y una pizca de ganas de vivir. El sol era increíble, me retozaba tan cerca que casi podía quemarme y no me importaba. Por el contrario, cuando debía irse, notaba como todo en mí ardía, ardía en deseos y esperanza de volver a encontrarlo la mañana siguiente, arropándome con toda su magia. Ahí me encontraba.
Cierto día, sin comerlo ni beberlo, el sol que yo tanto veneraba, decidió que debía volver al lugar donde pertenecía. Tenía miedo de que me quemara por su culpa e inventó una excusa para convencerme. No me convenció, pero tampoco me dio elección. Todo seguiría siendo igual, salvo que dejaría de sentirlo tan cerca. Y así, conformarme con el leve cosquilleo de sus rallos filtrados.
Cuando recuerdo todo aquello, se me encoge el corazón. ¿Por qué tuve que volver aquí abajo? ¿Por qué me devolvió? Aquí, la vida es muy diferente. Ahora camino con la cabeza gacha mirando las miles de piedras que se me cruzan en el camino. Al principio, tropezaba con todas, poco a poco he ido aprendiendo a caminar para acabar esquivándolas o incluso saltándolas. Ya no caigo porque he decidido cambiar de camino, uno más llano, sin piedras, sin atajos, simplemente uno para vagabundear. A veces, aún levanto la cabeza parar ver si diviso al sol. Cuando no lo veo, mi camino sigue sin estremecerse, sin cambios, liso. Pero cuando lo veo, el dolor que me causa es tan grande, que por un momento dejo de ver todo a mi alrededor.
El pecho parece que me va a estallar, las cuencas se me llenan de lágrimas; lágrimas con rastro agrio que se llevan consigo capas de piel, dolores internos que me arrebatan las pocas ganas que sobreviven en mi, traqueteos de cabeza y demasiado esfuerzo. Eso hace que me levante con cara de no acordarme de los sueños, que brotaban con tanta fuerza hace unas horas, o tan siquiera con cara de no soñar, de haber dejado esa tarea para más tarde. Ahora sólo me queda sentir como se cuela la tierra entre los dedos de mis pies. Avanzo sin rumbo por los caminos tantas veces recorridos, mientras el sol se esconde, lleno de culpa, por dejarme a merced del azar.
...Está oscureciendo, se aproximan nubarrones, y parece que va a llover. Es tarde para arrepentirse...
