Somos tú y yo, y el tiempo que gastamos. Somos tú y yo, y el
aire que consumimos. Somos tú y yo, y las caricias que inventamos. Somos tú y
yo, y la lluvia que nos moja. Somos tú y yo, y el cielo que nos cubre. Somos tú
y yo, y las estrellas que nos guían. Somos tú y yo, y el viento el que decide
lo que somos.
sábado, 22 de febrero de 2014
jueves, 28 de noviembre de 2013
¿Nos manifestamos?
¿Se están volviendo locos o seré
yo que cuanto más crezco menos entiendo? Puede ser que el dinero les nuble la vista, o les tape los oídos o
seguramente no les ayude a pensar en claro, pero… ¿qué cosa es esta de prohibir
las manifestaciones? ¿Y tantas quejas por parte de los manifestantes? ¿De
verdad alguna vez han sido bien recibidas? Está claro que no. Una manifestación
siempre va en contra de “ellos” y su manera de decidir o no sobre todos los
demás. Entonces, mi pregunta es ¿cuándo les ha interesado? Dejaros de derechos,
de si los merecemos y de si manifestarse debería serlo o no. Los derechos y las
obligaciones también son fruto de esas mentes podridas por papeles con marcas
de agua, igual que sus normas y sus leyes. Por lo tanto, ¿qué problema hay? Todo
sigue igual. Si quieres manifestarte, te manifiestas y ya está. ¿Qué pasa? ¿Que
antes las consecuencias de manifestarse no eran tan evidentes como ahora?... ¡dejaros
de tonterías! Las había igual solo que no estaban recogidas en algún turbio
papel forrado de derechos por y para el pueblo. No seáis tan ciegos, las cosas
son las mismas dichas de otra manera. Signos más que evidentes de la
putrefacción del sistema y los que lo forman, no perdamos nosotros también la
poca lucidez que nos queda. Es una simple broma, un medio chiste, más pan y
circo para manteneros entretenidos. Tomároslo como comedia, un monologo de
chistes malos, que obvio, se han de abuchear. Algún día no muy lejano, leí que
el mundo no acabaría explotando por alguna bomba atómica, ni por una guerra
mundial, sino que moriría de risa, de banalidad, haciendo de todo un chiste
malo. Pues bien, ese fin cada vez está más cerca.
Fuck the system. Fuck the society. Fuck the humans.
martes, 12 de noviembre de 2013
Lo absurdo de lo absurdo: nosotros
Absurda nuestra forma de ver y entender el
mundo. Absurda nuestra destrucción. Absurdos nuestros vicios. Absurdas
nuestras mentiras y nuestras verdades. Absurdos nuestros deseos y
placeres. Absurdos nuestros vicios y “virtudes”. Absurdas nuestras
compras. Absurdo nuestro egoísmo. Absurdas nuestras preferencias.
Absurda nuestra inteligencia. Absurdo nuestro coche, moto, casa y
trabajo. Absurdos nuestros contactos, nuestro perfil y nuestros estados.
Absurda nuestra descendencia. Absurda nuestra historia. Absurdos
nuestros juicios y prejuicios. Absurdas nuestras normas y reglas.
Absurdos nuestros hábitos y costumbres. Absurdas nuestras manías,
nuestras reacciones y nuestro estrés. Absurda nuestras formas de
comunicación y nuestra forma de desahogarnos. Absurdo nuestro
entretenimiento, ocio y tiempo libre. Absurda nuestra educación y
nuestros nuevos métodos. Absurdo nuestro sistema, política y votos.
Absurdas nuestras creencias y religiones. Absurdas nuestras tradiciones y
nuestras fiestas. Absurdo nuestro ecologismo y nuestros intentos de
separar basura. Absurda nuestra estética, nuestros productos y cánones
de belleza. Absurda nuestra disciplina, nuestro estatus, títulos y
menciones. Absurda la corrupción y las amenazas. Absurdas las
guerrillas, ejércitos y guerras mundiales. Absurda nuestra ética y
nuestros valores. Absurdo nuestro consumo y nuestras nuevas
adquisiciones. Absurdas nuestras patologías, caprichos y antojos.
Absurdos nuestros impuestos y capitales. Absurdas nuestras palabras,
decisiones, promesas y declaraciones. Absurdos nuestros miedos, pecados y
oraciones. Absurdas nuestro dinero, tarjeta y cheques. Absurdos
nuestros derechos y obligaciones. Absurdos nuestros cargos, títulos,
nombres y posiciones. Absurdas nuestras donaciones y obras de caridad.
Absurdas nuestras leyes y barreras. Absurdas nuestras fronteras, países,
razas, organizaciones mundiales y cimeras. Absurdos los contratos,
actas, recibos, facturas y absurda y mil veces absurda nuestra
burocracia. Absurdos los reyes, reinas, príncipes y princesas. Absurdos
los convencionalismos, los idiomas y las formas. Absurdas nuestras
necesidades y comodidades. Absurdas las sectas, grupos y admisiones.
Absurdo nuestro trato, tacto y tono. Absurda nuestra vida y absurda
nuestra existencia.
Y… ¿por qué no? Absurdo mi discurso porque siempre es lo mismo, y no hay nada más absurdo que escribir sobre lo “absurdo” de las cosas si no hay nada que hacer, es absurdo…
Sé que me reitero, pero con la misma palabra he dicho muchas cosas, y la uso porque hace un tiempo una niña de 5 años me dijo: ¡esto es absurdo! mientras se reía a carcajadas. Sería absurdo no hacerle caso a un niño… he oído que siempre dicen la verdad, aunque ésta sea lo más absurdo del mundo.
Y… ¿por qué no? Absurdo mi discurso porque siempre es lo mismo, y no hay nada más absurdo que escribir sobre lo “absurdo” de las cosas si no hay nada que hacer, es absurdo…
Sé que me reitero, pero con la misma palabra he dicho muchas cosas, y la uso porque hace un tiempo una niña de 5 años me dijo: ¡esto es absurdo! mientras se reía a carcajadas. Sería absurdo no hacerle caso a un niño… he oído que siempre dicen la verdad, aunque ésta sea lo más absurdo del mundo.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Descalzarse
Pisamos con desdén las mierdas que nosotros mismos tiramos al
suelo. Hacemos y queremos rehacer. Pero ya sabéis, que nunca las cosas vuelven
a su estado original. El daño ya está hecho.
Esa suela lleva consigo incrustada nuestra hipocresía, nuestro
poco respeto por lo ajeno y a la vez tan nuestro, nuestra ira al romper cristal
contra el suelo para sentirnos poderosos, nuestros buenos ratos con amigos
comiendo mil y una porquerías,…
Todo eso lo llevamos con nosotros allá donde vamos y eso es
lo que nos recuerda a cada instante en lo que nos hemos convertido y hemos
arrastrado a nuestro paso. Un mundo de mierda que nos persigue, una sociedad
podrida que nos corroe, un entender la vida de manera equivocada.
La suela de nuestros zapatos siempre dice la verdad, una verdad muy dolorosa. Por eso hay que aprender a caminar descalzo...
martes, 2 de abril de 2013
Bailo, luego existo
Bailar es un cosquilleo en los
pies.
Un tintineo en las retinas.
Un paseo por los sentimientos.
Un vaciarse por dentro para
volverse a llenar de cosas mejores.
Un punto y aparte de los errores
del día.
Una coma que te ayuda a coger
aire para seguir el ritmo del texto de la vida.
Un seseo para los oídos.
Un sabor dulce que hace huir lo
amargo.
Un pestañeo a una persona
especial.
El rosa y el azul de una puesta
de sol.
Una charla que te sacude el
cuerpo y deja temblando a tu alma.
Es como probar cosas nuevas todo
el tiempo.
Es el vaho de los cristales los días
de lluvia en los que puedes escribir.
Es el pito de la olla cuando está
a punto de explotar porque se están cociendo problemas.
Es el cosquilleo de las mariposas
en tu barriga cuando te enamoras.
Es la luz de tu sonrisa cuando la
muestras.
Bailar es dejarse, empapar por la lluvia, zarandear por el viento, tostar por el sol y acariciar por la hierba.
Es la sensación de que NADA te
falta porque lo tienes TODO.
...Bailar es ser música con el cuerpo...
sábado, 2 de marzo de 2013
Y de los replanteos...
Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimiento sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y
remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho a lo repoco y
lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes
de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara van en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogo y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos
de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidéfalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo y libido y oficio
recansadísimo
de tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintos perversitos
y de las ideitas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo
o sensitivo tibio
o remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento
al engusanamiento
y al silencio.
Oliverio Girondo.
Necesito poco
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece.
Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para
vivir con dignidad.
Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno.
Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.
Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche.
Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante.
A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas.
A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama.
El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche.
El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar.
Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno.
Un instante de belleza a diario.
Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado.
No estar jamás de vuelta de nada.
Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería.
No convertirme nunca, nunca, en una persona amargada, pase lo que pase.
Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.
Sólo quiero eso.
Casi nada. O todo.
--Ángeles Caso--
Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno.
Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.
Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche.
Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante.
A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas.
A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama.
El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche.
El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar.
Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno.
Un instante de belleza a diario.
Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado.
No estar jamás de vuelta de nada.
Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería.
No convertirme nunca, nunca, en una persona amargada, pase lo que pase.
Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.
Sólo quiero eso.
Casi nada. O todo.
--Ángeles Caso--
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